¿Qué se necesita para que las empresas y los empleados prosperen?

¿Cuál es la clave? Las compañías que prosperan ponen a su personal en primer lugar, incluso por encima de los clientes.

empresas y empleados

Si las empresas desean tener colaboradores que amen su empleo, hecho que los hará productivos y mejorará los resultados del negocio, tendrán que dar paso a la nueva tendencia de hacer de los lugares de trabajo un espacio humano y confortable. Los líderes necesitan crear una cultura en la que sus empleados puedan avanzar, ser mejores cada día. Cuando las personas prosperan en el trabajo, su rendimiento general aumenta. Se convierten en empleados que van un paso más allá de la llamada del deber.

Sin embargo, llegar a la tierra prometida de un negocio próspero centrado en el trato humano y afable de los empleados es nadar a contracorriente. Generalmente, las empresas manejan un sistema tradicional de organización, jerárquico, vertical. No obstante, para formar una compañía sólida, los empleadores y ejecutivos al mando deben reconocer que los trabajadores son el corazón de su organización y, como tales, deben ser tratados no como súbditos, sino como colaboradores que pueden hacerse cada día más exitosos. Una fuerza de trabajo próspera supone un mayor compromiso de las energías físicas, cognitivas y emocionales de cada empleado. Cada trabajador, por tanto, debe contar con una serie de condiciones necesarias para que su sentimiento de bienestar y de progreso se estimule. Enumeramos estas condiciones a continuación:

Líderes como modelos

Cuando un trabajador prospera, sus empleadores se benefician de este éxito. Motivar las aspiraciones de los empleados es motivar el éxito mismo de la compañía. Las estadísticas señalan que cuando los jefes son líderes comprometidos y eficientes son tomados como modelos por sus empleados, son vistos como ejemplos de éxito, que contagian a quienes los rodean con su animosidad. Hay mucho de verdad en el dicho «los grandes líderes nacen, no se hacen». En cierta medida, la capacidad para el gran liderazgo es innata. Sin embargo, aprender a ser un líder más eficaz está al alcance de muchos los empleadores: solo deben ponerse en práctica cualidades como la autocrítica, la comunicación clara y honesta con las personas a cargo y el conocimiento profundo de la compañía. Solo así los líderes formarán líderes nuevos y las empresas se fortalecerán.

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Equilibrio entre vida personal y laboral

Un empleado que prospera en el trabajo crecerá en su vida personal. Sucede lo mismo a la inversa: cuando el empleado se siente a gusto con sus actividades personales, cotidianas, puede aportar recursos positivos en su área de trabajo. Acciones como crear espacios que fortalezcan la vida privada de los colaboradores (actividades familiares, deportivas, desarrollo de hobbies, posibilidades de viajes) y flexibilizar los horarios de trabajo, favorecen la salud física y mental de los empleados y, en consecuencia, la satisfacción y la fidelidad que sienten por su empleo y su espacio de trabajo. Muchos ejecutivos expresan dudas y resistencias a la hora de implementar acciones de este tipo. Se puede pensar en que se pierde productividad o que se fomenta un ambiente negativo en el que se abandonan las responsabilidades y “todo vale”. Pero esto no funciona así. Las empresas que implementan estas metodologías de trabajo no son menos productivas que otras que siguen con el modelo rígido y verticalista. Son numerosos los beneficios de estas prácticas en comparación con las desventajas que pudieran tener.

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Fomento del aprendizaje

Los empleados que buscan ser prósperos quieren formar una carrera. Van a la caza de oportunidades para aprender nuevas habilidades y acceder a información que les ayude a mejorar en lo que hacen. Cuando se les da libertad, los empleados ingresan en un ciclo de crecimiento sin término. Uno de los mecanismos para crear oportunidades de aprendizaje es la retroalimentación. El llamado feedback hace posible que se eliminen fallas y vicios en los equipos de trabajo y en las compañías, en general. Es importante tener en cuenta que la retroalimentación no debe consistir en una actividad en la que se mencionen exclusivamente problemas o aspectos negativos del trabajador. Debe ser, en cambio, un proceso enriquecedor que fortalezca la revisión y el análisis de las formas en que se trabaja.

Las empresas que dan importancia a las culturas de trabajo sostenibles y prósperas deben empezar a impulsar el crecimiento de las emociones positivas y el bienestar de sus empleados. Hay una clara ventaja competitiva al hacerlo, ya que, con estas prácticas, se aumentará el rendimiento y los resultados del negocio. Un lugar de trabajo más humano atraerá grandes talentos a la compañía y, en última instancia, conducirá al éxito de todos los interesados.

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