Las escuelas de leyes de Estados Unidos se enfocan en preparar abogados para un entorno permeado por la tecnología legal

Pensando en mejorar la calidad de sus egresados, las escuelas de leyes están empezando a utilizar el aprendizaje experimental y las herramientas tecnológicas para adaptar a los futuros abogados a las necesidades de las firmas de abogados y los departamentos legales.

Brindar las herramientas necesarias para que los estudiantes de derecho estén preparados para su práctica siempre ha sido un reto para las escuelas de leyes. En la actualidad, sin embargo, cada vez son más las escuelas que han decidido mirar más allá de la formación jurídica tradicional para permitir a sus estudiantes competir en un mercado legal cada vez más tecnológico.
Este es el caso de la Universidad de leyes de Colorado, en donde el profesor y director del Centro de derecho, tecnología y emprendimiento, Philip Weiser, afirma que cambiar la mentalidad de los estudiantes de derecho para considerar las necesidades tecnológicas de sus futuros clientes puede darles una ventaja considerable luego de su graduación. Para Weiser “parte de la cuestión está en que necesitamos capacitar a los abogados para que piensen como clientes, no para pensar como abogados. Si los abogados no están familiarizados con la forma como se analiza y se presentan los datos, o cómo utilizar la tecnología para hacer las cosas como las hacen sus clientes, están en una enorme desventaja”.

Incluso, actualmente algunos programas de diferentes escuelas de derecho se han asociado con vendedores de tecnologías legales con el fin de preparar a los estudiantes a un entorno en donde las herramientas tecnológicas puedan aumentar la eficacia y el flujo de trabajo en su práctica legal. Dichas tecnologías han extendido sus productos, a menudo de forma gratuita, con la esperanza de ayudar a los programas de derecho a mejorar las metodologías de capacitación de sus estudiantes.

Casos de implementación de este tipo se llevan a cabo también en la Facultad de derecho de la Universidad de Vanderbilt, donde el profesor de la cátedra de Derecho e Innovación, Larry Bridgesmith dirige las implementaciones de cursos prácticos sobre gestión y diseño de proyectos legales utilizando tecnología. Incluso en abril de este año se llevará a cabo el primer evento organizado por Bridgesmith de esta naturaleza llamado “Legal Hackathon”, en el cual pretende reunir abogados e ingenieros de sistemas con la intención de generar lazos de colaboración entre ambos campos. El objetivo es “no hacer de un abogado un ingeniero o un desarrollador, sino acostumbrar a ambos gremios a trabajar juntos para lograr algo” como afirma Bridgesmith.

En este tipo de universidades que proyectan su educación en la práctica laboral de la mano de la tecnología, se han implementado cursos que conectan a los estudiantes de derecho con organizaciones locales sin ánimo de lucro y programadores de pregrado para desarrollar herramientas para uso de las organizaciones. Dichas herramientas se han utilizado para proporcionar asesoramiento y llevar a cabo la creación de formularios, entre otras utilidades.

En cuanto al campo de los negocios, se ha descubierto por parte de estas escuelas de leyes que los clientes corporativos están en búsqueda de abogados de las grandes firmas que les proporcionen tecnología reutilizable para ayudar a navegar por los litigios y asuntos legales. Según Kevin Mulcahy, director de Neota Logic, quien dirige dos cursos en el Centro de Leyes de la Universidad de Georgetown, “los clientes corporativos quieren herramientas, no tantos memorandos individuales”.

Así mismo, Mulcahy afirma que los abogados, históricamente conocidos por su reticencia hacia la tecnología y la automatización de la profesión legal, están empezando a ceder a la idea de que el software podría ser más un conducto de información legal que un reemplazo a los profesionales del derecho.

Finalmente, Philip Weiser, de la Facultad de derecho de Colorado, comenta que aunque muchas escuelas de derecho desean mirar hacia adelante, son pocas las que cambian sus métodos tradicionales de aprendizaje sin un empuje de las firmas de abogados y departamentos legales que contratan a sus graduados. “La idea de que las escuelas de leyes cambien lentamente no es una sorpresa para mí”, sin embargo considera que “estamos en el comienzo de un cambio radical. Para la mayoría de los líderes de las facultades de derecho, eso es realmente un nuevo desarrollo”.